Hace rato vengo con estas ideas en la
cabeza.. pero no me daba el tiempo para escribirlas como deseaba.
“Tú eres una maravillosa obra de Dios, por medio de ti,
Él está amando al mundo”
Madre Teresa de Calcuta
Hace varios días, estaba en un chat y una persona, supuestamente,
profesor de inglés de nivel secundario (creo) me preguntaba cómo era el nivel
inicial (en cuanto a complejidad de “transmitir aprendizajes”) yo, más o
menos…. Le dije que era linda la tarea de enseñar (¿Qué otra cosa le puedo
decir a través de un chat a un desconocido..?) En fin… él me señaló que “las
cosas estaban complicadas” y entre algunas líneas me dejó entre- ver que
“enseñar a esos no tenía mucho
sentido”.
Después de esta conversación, recordé que hacía un tiempo en
un cumpleaños de una amiga, hablaba un grupo de mujeres y hacían chistes sobre
los docentes (principalmente por la fortuna de sueldo que cobramos en
comparación con nuestra “simple”
tarea de enseñar) y una de estas mujeres señaló que al fin había conseguido su
primer suplencia y que se sentía feliz, entre chistes defendía su primer
trabajo.
Comenzamos a charlar como colegas y de repente nos
encontramos hablando nuevamente de la dificultad de enseñar. Me contaba como
“los chicos le hacían la vida imposible” (aclaro, que ella había tenido
experiencia laboral en un colegio privado y ahora se encontraba trabajando en
un colegio estatal, cerca del centro de Quilmes) “Cuando me dijeron que era ahí
–refiriéndose a la zona céntrica de la ciudad- pensé que me iba a encontrar con
otra cosa”…”el otro día compre lápices en el tren y los lleve a la escuela, por
que muchos de ellos no llevan la mochila, no entiendo como los papas si ven que
salen de su casa para ir al colegio sin mochila.. no les dicen nada”
A varios de sus comentarios, mi respuesta fue: “uno vá y
cumple su tarea de la mejor manera posible, deja que ellos hagan la suya, vas a
enseñar y el que aprende, que aprenda, si no uno mismo se queda sin vida”. En
ese momento mi respuesta fue esa.
Y después de tanto tiempo, al cruzarme con este “profesor de
inglés” esa conversación, sobre esa misma temática volvió a surgir. Para el momento en que hable con este último,
mi respuesta fue: “no es un tema que podamos conversar acá, porque seguramente
discutiríamos, mi pensamiento es que esos chicos, es cierto, se han quedado sin
sentido, pero lamentablemente esta en nuestra manos devolvérselos”
Obviamente esta persona no me habló mas jajajaja, entiendo
soy aburrida. Pero escribiendo eso, me di cuenta que la responsabilidad de ser
docente es más grande de lo que me había imaginado. Mucho más grande, y tan
inabarcable que asusta.
Desesperada, busqué un libro que en el primer año de mi
formación una profe de psicología nos había dado para leer, habla sobre un
término que llama bastante la atención “el desnutrido escolar” y comencé a
leerlo lo más compresivamente que pude, tiene muchos términos relacionados al
psicoanálisis (por suerte mi profe actual de psicología en la facultad es de
esta rama). La cuestión es que, hasta donde voy leyendo, esta autora escribe su
análisis sobre las estructuras psíquicas de niños pobres estructurales o en
desarrollo de pobreza (así señala a los que pertenecen a familias que hace poco
tiempo quedaron fuera del sistema laboral) y yo me pregunté… ¿Hasta qué punto
los docentes tomamos en cuenta esto de “la psiquis” del alumno? No soy experta
en psicología ni mucho menos, pero me pregunté si es cierto esto de que
“tenemos en cuenta al alumno”. Esta autora señala, lo que en mi primer trabajo
me recomendaron no hacer, transferir alumnos con “diagnósticos” a una psicóloga
o a una psicopedagoga. Esta doctora señalaba que a esos niños les colocaban
“rótulos” de incapacidades mentales por los cuales se acercaban a que los
atendieran. No quiero criticar, simplemente escribiendo quiero encontrar la
solución a esto, si es que la hay.
Mis conclusiones con todo esto que, creo, enmarqué un poco
son las siguientes:
Muchas veces los “rotulados” somos los docentes mismos.
Nuestra formación, al menos la que yo he
recibido, nos coloca en un ideal que acompaña nuestro pensamiento sobre el
jardín, sobre la escuela. Y esto muchas
veces es difícil de romper.
Cuando llegas a tu trabajo, todo es alegría y juegos hasta
que te preguntas… ¿Qué estoy haciendo con estas criaturas? ¿Enseñando o pasando
un buen momento? (si es que te lo preguntás) Y cuando te llueven las exigencias
de ese jardín privado que desea que los padres “vean” los resultados de sus
hijos a fin de mes, para pagar la siguiente cuota con orgullo, esa nube de
ideal se convierte en trabajo, en
accionar sin sentido. Enseñar mecánicamente para que el niño responda (lo que
queremos)
Hasta que punto tenemos en cuenta al niño, no lo sé. Y me lo
pregunto desde el día que empecé a trabajar. Siempre trabajé en jardines
privados, y no reniego de haberlo hecho. La crítica que hago seguramente es
para mí, por incumplir con mi función debido a que me vi envuelta entre los
quehaceres institucionales.
Sobre lo del “desnutrido escolar”, como señala la autora,
este término alude a niños que son pobres psíquicamente, con una libido escasa, debido a la falta de estructura
familiar (roles invertidos, ausencia de los padres, padres psíquicamente
débiles, rótulos de la escuela, etc) Y yo me pregunte hasta que punto esto
mismo no pasa en todo el sistema educativo.
La solución, la vi… y digo la vi por que hace unos días
inesperadamente me crucé con una película interesante que mencionaba una nueva
forma de enseñar que en Estados Unidos era un boom. En estas escuelas, se
“tenían en cuenta” a los alumnos, y éstos mostraban resultados impactantes a
fin de año en comparación con otras escuelas del país.
Sé que leyendo esto se piensa: siempre Estados Unidos…. Y
no, no me refiero a esa escuela en particular, ya les cuento a que. El mismo
film señalaba las acciones de los docentes en las aulas, muchos de ellos
leyendo periódicos mientras sus alumnos jugaban, y también, narraban cómo se
sabía de docentes que no cumplían sus tareas en las clases sin embargo, por una
ley no podía ser sacados del sistema hasta jubilarse.
A qué voy con todos estos datos?
Al rol docente.
En las conversaciones que tuve al principio con estas dos
personas palpé de cerca sus relaciones con sus alumnos. Ellos ya mantenían sus rótulos
“qué sentido tiene enseñarles” y con esa idea en la cabeza, difícilmente uno
pueda planificar, pensar o realizar una actividad que dé resultados positivos.
En el libro, que aún estoy leyendo, especialistas de la
salud se sentían invadidos por estos “diagnósticos” enviados desde la escuela.
Y ahí si es mi crítica, mi formación (al menos la mía, quizás en otros lugares
si lo ha hecho) no me avaló para ser psicóloga o médica y diagnosticar a una
persona de la cual sólo conozco conductas aisladas de 4hs de su vida. Si es
cierto, que como personas nos damos cuenta de algunas dificultades y podemos
sospechar de algunas cosas; un niño que no oye bien, un niño que utiliza muchas
S al hablar, un niño que no se comunica, etc. Pero para eso están los padres.
No sé la forma en que se manejan en las escuelas, cuando “los padres ni se
preocupan, no se acercan ni a las reuniones” supongo que en esas circunstancias
el actuar es otro. La cuestión, es que esos rótulos, señalados desde la
escuela, el primer lugar diferente a la familia donde el niño se encuentra con
otros, marcan al niño en lo más profundo. Por tanto, a medida que los años
pasan… qué se puede esperar de él? Si lo que espero de ese otro, ya está
limitado y esta limitación pasa como él de grado…
Y por último, para desterrar la idea de que Estados Unidos
es “lo mas”, según mis dichos de arriba, señalo que; la película me impresiono,
no por los modos de enseñanza “americanos”, si no por la presentación que
hacían de los docentes. Durante todo el film, se señalaba que “no importa el
lugar donde estudies, ojalá tu suerte te acompañe y te de un buen docente” Y
eso me llego de la película.
Un docente que enseña. Como lo dije un día y lo sostengo, enseña con todo. Y es lo difícil de la
tarea. Si sonreís, si te callas, si te movés, si te sentás.. con todo lo que
haces. Una compañera de la facultad, también docente, me comentaban el otro día
“escuché que una de mis alumnas se reía porque era septiembre y yo estaba con
botas de cuero” y si mal no recordamos… nosotros también nos fijábamos en cómo
se veía el docente. No hablo de la ropa, simplemente señalo que el aspecto (no
solo físico, como estereotipo) el ánimo, sus gestos, su porte etc importan en
la docencia.
En cuanto al nivel incial, sólo hablo desde lo que aprendo
como estudiante de una materia llamada psicología, la importancia que tiene la
infancia es fundamental. Ahí el niño cual esponja absorbe todo cuanto lo rodea
y así conoce…. Todo lo que para nosotros es “ya conocido”. Imagínense una
docente rompiendo “trabajitos” sin nombre delante de los niños, sólo porque no
puede ordenarlos. Imaginemos, dejar a un niño en frente de su vomito por que causa
asco limpiarlo. (Ustedes imaginen, yo recuerdo…)
Estas cosas pasan todos los días, a mi me ha pasado de
pedirle a una niña que se aleje por un momento y dejara de hablar “porque tengo
cosas que hacer” y hasta el día de hoy no olvido su cara de tristeza y no dejo
de reprocharme el haber tenido esa reacción. Cosas que pasan, que tuve la
oportunidad de resolver, pidiendo perdón.
No hablo desde la sabiduría mayor, solo quiero ser buena en
lo que hago y transmitir con todas mis fuerzas lo mejor que puedo, para que a
los que les toque ser mis alumnos crezcan conmigo. Es una tarea ardua, difícil e intrincada. En
los libros no encontré “modos de actuar de los docente”, solo está en uno dar
lo mejor de sí. Formarse, ante todo, y no solo a nivel profesional, sino
también en carácter. Cuando uno dice “soy maestra” enajenado trae el concepto
de “tenes paciencia” y no es así simplemente. Uno pone de si lo mejor para los
demás y para sí mismo.
El rotulo que deberíamos llevar es el de: Aun se puede.
Cuando uno quiera ya no dar más, ir “trabajar” y volver…. pensar si esto está
funcionando más allá de la adquisición económica. Cuesta, porque no se puede
vivir del amor, como dice la canción, pero hay que ser críticos en nuestra
tarea y no bajar los brazos. Ante todo la esperanza debería ser lo último en
perderse..
